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Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, desperdiciamos alrededor de 1.300 millones de toneladas de la comida que producimos al año, y con menos de un cuarto de esa cantidad se podría acabar con el hambre en el mundo. Ésa es una de las grandes incongruencias de nuestros métodos de producción y consumo.

En 2011 Tom Hunt organizó un banquete para 200 personas, cocinó solo con vegetales y frutas que se habrían desperdiciado por su forma, tamaño o su punto de maduración. “El banquete de los olvidados”, como él lo llamó, le ayudó a ver el verdadero valor de la comida, su conexión con la naturaleza y el impacto que tiene en el sabor, la nutrición, la gente y el entorno natural.

Si una dieta no ofrece placer, ¿cómo puede ser sostenible? Debemos disfrutar de nuestra comida para aprender a valorarla y valorar su origen. Comer por placer está intrínsecamente ligado a cocinar con amor, confianza y creatividad; a apoyar la biodiversidad y a hacer el esfuerzo de conocer al granjero que te da de comer.

La confianza, la creatividad y jugar con la comida hace que tu genio culinario aflore, incluso si tienes poca experiencia. Pero también ayuda a reducir el coste de la comida y los desperdicios, lo que nos permite ahorrar para comprar mejor comida, creando un círculo virtuoso: placer, conocimiento, nutrición.

Durante los últimos diez años el eco-chef Tom Hunt ha considerado que una dieta sostenible es una que está en armonía con la naturaleza, que apoya a la gente y al planeta, que tiene beneficios individuales y colectivos. Y ha logrado plasmar esta idea en su libro “Alimentación sostenible: Comprar, cocinar y comer para preservar el planeta”.

 

Fuente: Cómo llevar una dieta sostenible sin renunciar al placer

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