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La preocupación de la sociedad con respecto al impacto negativo del plástico en el ambiente repercute en los fabricantes de envases desechables. Como resultado, pensando en una estrategia de economía circular, se ha tenido que buscar alternativas sostenibles en materias primas renovables para fabricar bioplásticos, como la caña de azúcar, el almidón de maíz, la celulosa, etc.

Una de las ventajas de los biopolímeros de base biológica, en comparación con la materia prima tradicional de origen fósil, es la disminución en la huella de carbono, ya que los primeros capturan más carbono de la atmósfera del que emiten al fabricarse. Esta afirmación puede verificarse mediante un esquema conocido como el análisis del ciclo de vida, que permite obtener un modelo simplificado de un sistema de producción y de los impactos ambientales asociados. Este proceso sirve para verificar la reducción de la huella de carbono en toda la cadena de valor de un producto.

Los envases de material biodegradable pueden desempeñar un papel vital en la sostenibilidad del planeta, a pesar de las ideas erróneas que se han planteado acerca de los biomateriales y sus efectos negativos en el medio ambiente. Por ello, en la actualidad empresas como Braskem, Allbirds y Unilever están invirtiendo en el desarrollo de sus propios productos a base de biomateriales lo que crea gran repercusión en la era que vivimos tratando de liberarnos del plástico.

Fuente: Plásticos de bases biológicas

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